Me enteré de que hay unos cientos y cientos de canales de televisión.
Vaya.
-Yo soy libre-me dije
Me reí mucho cuando el perro, trataba de explicarme el como y para qué de tener tantas posibilidades de canales en la TV. ¿A quien le sobran tantas horas?
-¡Pero si yo no hago más que escuchar que en la Tele no hay nada!
Me quedé muy atrás en el tiempo. Justo para cuando Fernando de la Rúa voló y dí de baja el cable para siempre.
Para entonces había unos..90 canales?
Si todos hubiesen hecho lo mismo, ahora lo estarían regalando en combos con las compras en los supermercados.
No me sacaron nada que no pueda encontrar en una buena lectura.
Y espero que no pase con la Red, de allí bajo mis libros y los discos que vá.
Y ya soy un chucho cualquiera, porque, también escucho la radio, escribo, diseño, y hasta hablo con mis clientes con este aparato....
-oppppss-
-Mierda. Me tienen otra vez.
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23 marzo, 2009
24 febrero, 2009
Olores
Que alguien se empeñe en comer sushi y, mientras lo hace hablar del sushi y de la historia del sushi y de como se puso de moda el sushi y de las carácterísticas de la gente que gusta del sushi...es tan pesado como comerse un kilo de torrejas fritas en grasa bañadas en caramelo.
Pero todo esto además, sentada a espaldas de un niño de unos 14 años, parapléjico, es toda una bofetada al sagrado cuidado que una le puede prodigar a sus fines de semana.
A estas alturas, seamos sinceros, nadie discrimina, solo que hay realidades que no queremos ver.
Mientras mi amigo hablaba con la boca llena de sushi, comenzó a envolvernos una nube opaca a la que hasta se podía ver llegar por su densidad.
El niño de la silla se había cagado a lo grande. Mamá y papá siguieron comiendo como si nada.
Claro ¿Que no tienen derecho a comer?
Creo que estaban esperando que alguien les dijera algo.
Pero la culpa es mía.
Cuando me sentaba en la sección de fumadores, esto, no me pasaba.
Mientras tanto el dueño-chino, veía irse unos miles de pesos por su puerta escondidos entre la gente que esperaba turno de mesa y dejó de esperar.
Pero todo esto además, sentada a espaldas de un niño de unos 14 años, parapléjico, es toda una bofetada al sagrado cuidado que una le puede prodigar a sus fines de semana.
A estas alturas, seamos sinceros, nadie discrimina, solo que hay realidades que no queremos ver.
Mientras mi amigo hablaba con la boca llena de sushi, comenzó a envolvernos una nube opaca a la que hasta se podía ver llegar por su densidad.
El niño de la silla se había cagado a lo grande. Mamá y papá siguieron comiendo como si nada.
Claro ¿Que no tienen derecho a comer?
Creo que estaban esperando que alguien les dijera algo.
Pero la culpa es mía.
Cuando me sentaba en la sección de fumadores, esto, no me pasaba.
Mientras tanto el dueño-chino, veía irse unos miles de pesos por su puerta escondidos entre la gente que esperaba turno de mesa y dejó de esperar.
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